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Cómo iluminar una habitación (sin que parezca un quirófano)

Una sola lámpara en el techo no ilumina una casa: la aplana. Te cuento cómo combinar luces, qué bombillas elegir (los famosos kelvin y lúmenes) y a qué altura va cada lámpara.

Decoración4 min de lecturaActualizada en octubre de 2026

Por Maruja, interiorista titulada@marujadel98 en Instagram (se abre en otra pestaña)

La escena es un clásico: un plafón en el centro del techo, luz blanca a tope y la sensación de estar en la sala de espera del centro de salud. No es tu salón, es la luz. Y es de lo más fácil (y barato) de arreglar sin obras.

La idea clave: luz en capas

Una habitación bien iluminada no tiene una luz, tiene varias, cada una con su trabajo:

  • Luz general: la que deja ver toda la habitación (el plafón, la lámpara de techo o unos focos). Es la de limpiar y buscar las llaves, no la de vivir.
  • Luz ambiental: la que hace la casa acogedora: lámparas de pie y de mesa, apliques, una tira de luz en una balda. Más baja y más suave.
  • Luz puntual: la que necesitas para hacer algo concreto (leer, cocinar, trabajar, maquillarte) y va justo donde la usas.

El truco está en tener varios puntos de luz a distintas alturas (en el techo, a media altura y sobre una mesa o un mueble) y encender cada uno cuando toca. En un salón, intenta tener al menos tres repartidos, además del techo. Verás que por la noche la general muchas veces sobra.

Luz cálida o fría: los kelvin

En la caja de la bombilla verás un número con una K: es la temperatura de color.

  • 2700–3000 K (cálida): la de casa. Para el salón, el dormitorio, el comedor y los pasillos.
  • Unos 4000 K (neutra): para donde necesitas ver bien los detalles: la zona de trabajo de la cocina, el espejo del baño o la mesa donde trabajas.
  • 5000 K o más (fría): mejor para el garaje o el trastero. En casa es la culpable del efecto quirófano.

No mezcles tonos de luz en una misma habitación: una lámpara cálida al lado de un foco frío queda rara y hace que las paredes se vean de dos colores. Mejor todas las bombillas de cada estancia iguales o muy parecidas (3000 y 4000 K conviven; 2700 y 6000 K, no).

Y si te importa ver bien los colores (aquí nos importa), busca en la caja un IRC (o CRI) de 90 o más.

Cuánta luz: los lúmenes

Los vatios ya no sirven para comparar: lo que cuenta son los lúmenes (lm). Unos 800 lm equivalen a la bombilla antigua de 60 W, y unos 470 lm, a la de 40 W. Como orientación, un salón de 20 m² se queda cómodo con unos 2.000–3.000 lm sumando todas sus lámparas; la cocina y el baño piden más en las zonas de trabajo.

Mejor pasarse un poco y poder bajar la intensidad: con bombillas regulables (lo pone en la caja) y una lámpara con regulador en el cable, o con bombillas inteligentes, pasas de luz de trabajo a luz de cena sin tocar una pared.

A qué altura va cada lámpara

  • Colgante sobre la mesa de comer: el borde de abajo a unos 70–80 cm del tablero. Más alta deslumbra; más baja, te tapa a quien tienes enfrente. Si la mesa es larga, mejor dos o tres lámparas en fila.
  • Lámpara de lectura y mesitas de noche: a tu lado y un poco por detrás del hombro, con la parte baja de la pantalla más o menos a la altura de tus ojos cuando estás sentada. Así la luz cae sobre el libro y no a la cara.
  • Espejo del baño: la luz, de frente a la cara (a los lados del espejo o justo encima). Si solo viene del techo, te dibuja unas ojeras que no son tuyas.

La luz también cambia el color de tus paredes

Una bombilla cálida amarillea los blancos y una fría los vuelve grisáceos o azulados. Por eso conviene elegir la pintura y las bombillas pensando la una en la otra: te lo cuento en cómo elegir el blanco (y probarlo antes de pintar). Y en Simulador de pintura, en la pestaña «Luz» de la habitación, puedes ver tu pared de día, por la tarde y de noche con bombilla cálida, neutra o fría.

Los errores que más veo

  • Una sola luz en el techo para todo.
  • Bombillas frías en el salón o el dormitorio.
  • Lámparas que deslumbran: si desde el sofá ves la bombilla desnuda, ponle una pantalla o baja su potencia.

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